SAN COSME (El Prat de Llobregat - Barcelona - Gitanos - Boxeo - Nuevo Plan Urbanístico - Parroquia de San Cosme i San Damián - 801 Viviendas)

A diez minutos escasos del centro de la ciudad. Fue ahí mismo en donde se produjo un golpe, un chasquido metálico incluso podía semejarse a una tos seca, pero desde luego nunca a un ladrido, ni en broma. Pero sin embargo el ruido procedía de aquel bicho, un perro que apenas sobresalía por entre los pliegues del terreno, que no levantaba más de un palmo, y que apenas era perceptible a la mirada humana. El ladrido era una seña inequívoca de una cierta forma de dar la bienvenida, de cumplir con el protocolo establecido, que nada tiene que ver, por ejemplo, con la imposición de collares de flores que ofrecen las jóvenes hawaianas a los turistas que descienden de los cruceros de lujo que recalan en el paradisíaco archipiélago.  El can tenía un aspecto diminuto, francamente ridículo, una verdadera miniatura, podía incluso pasar por uno de aquellos pacíficos animales de compañía, que hacen las delicias de las señoras de media edad, repantigadas, contemplando embelesadas la telenovela de la sobremesa, con el chucho sobre las faldas, meciendo la cabeza, vencidas por el sopor. Pero éste era un perro de verdad, es decir un animal y no una simple mascota. Poseía un linaje bastardo, de la calle, una genealogía canalla, y pruebas evidentes de sufrir una artritis reumatoide. Era un “buscavidas”. “un cimarrón”. Su aspecto correspondía a la perfección con aquella definición cromática, la de “color de perro que huye”, tan enigmática y misteriosa hasta aquel entonces para mí, como pudiera serlo el color “verde pistacho” o el Siena. Aquel supuesto mejor amigo del hombre, tenía malas pulgas, de hecho no debería ser otra cosa que un saco repleto de ellas. Profería unos aullidos desmesurados para su corta estatura, para su escasa envergadura, igual que sí lo estuvieran desollando vivo. Clicar la foto para ver el resto de fotos

El patio de atrás. (Extraído del libro Barcelona 2004 como mentira de Manuel Trallero/Sergi Reboredo)

A diez minutos escasos del centro de la ciudad. Fue ahí mismo en donde se produjo un golpe, un chasquido metálico incluso podía semejarse a una tos seca, pero desde luego nunca a un ladrido, ni en broma. Pero sin embargo el ruido procedía de aquel bicho, un perro que apenas sobresalía por entre los pliegues del terreno, que no levantaba más de un palmo, y que apenas era perceptible a la mirada humana. El ladrido era una seña inequívoca de una cierta forma de dar la bienvenida, de cumplir con el protocolo establecido, que nada tiene que ver, por ejemplo, con la imposición de collares de flores que ofrecen las jóvenes hawaianas a los turistas que descienden de los cruceros de lujo que recalan en el paradisíaco archipiélago.
El can tenía un aspecto diminuto, francamente ridículo, una verdadera miniatura, podía incluso pasar por uno de aquellos pacíficos animales de compañía, que hacen las delicias de las señoras de media edad, repantigadas, contemplando embelesadas la telenovela de la sobremesa, con el chucho sobre las faldas, meciendo la cabeza, vencidas por el sopor. Pero éste era un perro de verdad, es decir un animal y no una simple mascota. Poseía un linaje bastardo, de la calle, una genealogía canalla, y pruebas evidentes de sufrir una artritis reumatoide. Era un “buscavidas”. “un cimarrón”. Su aspecto correspondía a la perfección con aquella definición cromática, la de “color de perro que huye”, tan enigmática y misteriosa hasta aquel entonces para mí, como pudiera serlo el color “verde pistacho” o el Siena. Aquel supuesto mejor amigo del hombre, tenía malas pulgas, de hecho no debería ser otra cosa que un saco repleto de ellas. Profería unos aullidos desmesurados para su corta estatura, para su escasa envergadura, igual que sí lo estuvieran desollando vivo.
Yo estaba como Gary Cooper, solo ante el peligro, igual que en el film homónimo, ante un bravucón, un echado para adelante, un busca peleas. No huía ante mi presencia, sino todo lo contrario, venía directo hacia mí, en línea recta. No le gustaban los periodistas fisgones, de hecho no le debía gustar ningún tipo de periodista, incluidos los malos periodistas como yo. No lo dudo un solo instante y se encaminó directamente hacía la pernera de mi pantalón para propiciarme un mordisco en toda regla, un bocado impecable. Un viandante que contemplaba la escena acertó con sabiduría al pronunciar una frase emblemática: “Los más pequeños son los peores”. Yo, periodista estúpido hice un análisis antropológico de la situación y llegue a la brillante conclusión de que el can defendía un territorio, el limite de una tribu que no se debía traspasar sin permiso de sus moradores. Aquel fue mi primer contacto con Sant Comse, antes en mi vida había puesto los pies allí. Aquello no era precisamente Hawai, ni un sitio adecuado para sufrir confusiones o ofuscaciones mentales. Ya sabía cual era el color del “perro que no huye, sino que muerde”, y también sabía cual era el color preciso del miedo: color Sant Cosme, un miedo frío como la piel de una serpiente. No lo olvidaría nunca más, jamás.
Delante nuestro cruzan niños con la desnutrición reflejada en el rostro, con la cara de una blancura como la cera, que en cualquier otro lugar deberían estar a aquellas horas en clase, pero que aquí pasean a su antojo no en vano el absentismo escolar, es una práctica habitual, que supera la cifra récord del 55%.

Esta es una geografía metida con calzador, a la fuerza, en un espacio inverosímil, irreal, que se estremece, cada dos por tres, como el de las bambalinas de un escenario mecidas por un viento huracanado, igual que sí sufriera un terremoto de baja intensidad o un bombardeo de las fuerzas enemigas. Entonces se desata un ruido ensordecedor, que a punto está de causar un trauma sonoro, que apenas permite mantener una conversación. Sin embargo nadie parece extrañarse lo más mínimo, ni inmutarse. Desde de unas vallas publicitarias, colocadas estratégicamente, situadas a la salida de Barcelona, una señoritas sonríen mientras ofrecen refrescos de piña colada en las playas del Caribe, con arenas dorada, mulatas de dos pisos con dentadura blanquísima y cocoteros que se sumergen en aguas de color verde esmeralda. Detrás de ese púdico biombo, está escondido Sant Cosme, mirando desde allá cuesta encontrarlo, está apartado de la vista, como se ocultan, de las miradas precavidas, los sumideros en que se almacenan los desperdicios, los basureros.
Es un pentágono, entre una zona presidida por la fábrica de la Seda de Barcelona, un llamado parque de oficinas de alto standing, un monumento que nadie sabia en donde colocar y que nadie ha reclamado, dedicado a un supuesto milenario de Catalunya, y las pistas del aeropuerto. Es tal la cercanía que con un poco de esfuerzo puede verse la cara de los pasajeros, en el momento del aterrizaje, es tal la fascinación, que los domingos por la tarde, se instalan automóviles en las proximidades para observar de cerca esa maniobra rutinaria de la aeronáutica, de la misma guisa que se asiste a un espectáculo de luz y sonido.
De cabo a rabo transcurre una calle, la espina de un pez. En una punta está la iglesia de ladrillo visto, según la mejor tradición de la arquitectura barcelonesa, moderna pero contenida, de los año sesenta y setenta, y que bien podría pasar por parroquia de un acaudalado barrio de Pedralbes. En sus paredes puede leerse una pintada que reza así: “Los cristianos a los leones”. Todo un programa de acción.
En el otro extremo de la calle, esta forma los brazos de una y griega. En uno de ellos se encuentra el reluciente cuartel de la policía municipal del Prat de Llobegat, y en el otro la casa cuartel de la Guardia Civil. Un bloque de viviendas tan deteriorado como el resto, con la casi única diferencia de que en los balcones colgaban más sábanas que en los demás bloques, y que se encontraba perfectamente alambrado, como si fuera un campo de concentración. Todo esta en su sitio, la iglesia en su lugar, la policía en el suyo.
Para hacerse una idea aproximada de como las gastan por estos andurriales, bástenos decir que ya en desuso la mencionada Casa Cuartel, pero aún custodiada por dos miembros de la Benemérita, unos angelitos se llevaron tan tranquilamente once armas de su interior a plena luz del día. Ni ETA se hubiera atrevido a hacer una cosa parecida.

"Que no¡ que no hay aceite, hoy hay natillas. ¿Lo quieres entender por Dios?, N-A-T-I-L-L-A-S”. La voz de la señora Paqui retumba como un trueno, mientras deletrea la palabra con deleitación, dándose tiempo para cargarse de paciencia. No obstante la afectada por aquel arrebato de cólera bíblica, no parece inmutarse, ni mueve un solo músculo de la cara, y vuelve inmutable de pedir aceite. A la señora Paqui a punto esta de darle un patatús, un sincope, un ataque de nervios. Por su cabeza deben de pasar en aquel preciso instante truenos y rayos, culebras, botes de veneno, y calaveras como aparecían en los tebeos de la infancia. “¿Lo quieres entender, hay natillas, si quieres las coges, y sino las dejas?. A ver, ¿quien es la siguiente...?”. Para evitar altercados, ya se han producido algunos incidentes reseñables, las voluntarias de Cártias, con más conchas que unos galápagos, encargadas de efectuar el reparto hacen entrar a las beneficiarias de una en una.
Así cada miércoles del año, entre las cinco y las siete de la tarde. Están allá, a la sombra del porche, tan ricamente en amable conversación, de cháchara, en tertulia, de palique entre las comadres. Igual que puede verse en los pueblos del sur de España, cuando al caer el sol, sacan las sillas a la calle y se ponen a tomar el fresco, dedicadas a la maledicencia. Algunas dan de amamantar a niños que llevan prendidos de los pechos, con una inusual habilidad, otras charlan gesticulando hasta con los dientes. Las hay que van rigurosamente envueltas en negro de los pies a la cabeza, parecen provistas de una burka, igual que si estuvieran en Afagistán, y otras en cambio lucen el ombligo al aire, según la más actual de las modas. No faltan las que van engalanadas como jacas jerezanas, recubiertas de oro hasta en los más recóndito de su ser, hasta las mismas entrañas del alma.
La expectación es enorme. La escena bien podría producirse en cualquier campo de refugiados del África subsahariana, pero sucede aquí, a apenas 6 euros de taxi del centro de la ciudad. Cualquier periodista aguerrido o casi, puede hacer un magnífico reportaje del llamado subgénero conocido como de “interés humano”, sin costarle un céntimo de dietas a su empresa. El sueño de cualquier director de periódico que se precie de tal. Pero eso no despierta la pasión de los reporteros de relumbrón, que luego salen en los magazines de colorines, con la pobreza exótica entre casas de diseño, artículos de escritores de firma, nuevas actrices enseñando un seno y un nuevo método para la incontinencia urinaria de los niños. Estos trabajos periodísticos recuerdan que mientras Franco prohibía la pornografía, podían aparecer unas nativas con los pechos al aire, era simple antropología, que no excitaba a nadie.
Valentí, el párroco titular, asiste en un discretísimo segundo plano, queriendo huir de cualquier protagonismo, como un actor más de reparto, un papel secundario. Departe con la concurrencia, mueve la cabeza en señal de negación cuando le explican las voluntarias que Juan, uno de los aspirantes clásicos al lote alimenticio, presentaba a media mañana evidentes signos de embriaguez. Después pasa a interesarse por una gitana jovencísima, con unos ojos de una belleza que hacen estremecer y se encuentra preñada hasta los dientes. “¿Le traerás a bautizar, no?”. “Claro padre –responde con una sonrisa inmaculada- lo traeré para que le eche el agua”. Luego se les olvida la fecha, o el niño está indispuesto y no acuden. Es fácil que no los vuelva a ver hasta el día de la boda, o cuando los entierre, en medio de un gran despliegue policial porque entre los familiares se encuentre algún condenado que reside en la cárcel. Mientras, suelen ir al “culto”, a un iglesia protestante, por lo visto allá se divierten más
Van saliendo los lotes de alimentos que aporta la Cruz Roja, para repartir entre las novecientas personas, sobre una población total de unas ocho mil almas, que perfectamente identificadas con el número de DNI incluidas, aparecen en el correspondiente listado a la puerta del templo. Hoy, como queda dicho, bien dicho, y redicho, no hay aceite, pero sin embargo hay queso fundido en lonchas y en porciones, chocolate, y como no, las consabidas natillas. Son todos productos que están en el límite, a punto, muy a punto de cumplir la fecha de caducidad. Todos llevan en el envoltorio la siguiente leyenda: “Ayuda de la Unión Europea. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Fondo español de Garantía Agraria. Distribuye Cruz Roja Española”.
Y así cada miércoles, de cada vida.

De él dijeron “Cuando Alberto “Tito” López, “El Escorpión de El Prat” dejo el boxeo en 1999 lo hizo con cierto poso de amargura. En su última pelea el campeón de España del peso superpluma había caído derrotado por un púgil mediocre llamado Manuel Fátima Días. Tito siempre ha dicho que aquella pelea la ganó de punta a punta pero que los árbitros incomprensiblemente le habían levantado la mano al portugués. El pasado año 2002, López volvió a los rings. Derrotó convincentemente a tres trotamundos (...) tanto él como su entrenador Agustín González reclaman una oportunidad para recuperar el título nacional. Aunque el cartel de la velada anunciaba a Juan Pintor como rival de López, el aragonés dio la “espantada” a última hora, pues peleará en Burgos la próxima semana. Finalmente, aparece en escena Manuel Fátima Dias, quien vuelve a cruzarse en el camino de Tito López. El Escorpión se encuentra de sopetón, con la gran oportunidad de saldar cuentas. El tercer asalto es el definitivo. López presiona a Días, lo arrincona en la esquina neutral y no lo deja escapar vivo. Tras recibir la combinación, Días cae de nuevo se levanta, supera la cuenta y pide abandonar. Consumada, pues la venganza del Escorpión.”
Pero ahora estaba delante mío, cruzando guantes con un sparring colombiano, estaba viviendo la vida, porque lo otro no era su vida, lo otro era hacer de camionero, llegar a las cinco de la mañana de Zaragoza, y por la tarde estar entrenado. Aquí era él, “El Escorpión del Prat”, aunque de facto es de San Cosme. el Rocky local, el fino estilista, la replica exacta de Hollywood, el ídolo local, el Dios sobre la tierra, a quien un mal día se le cruzo Manuel Fatima Diaz, un don nadie del pugilato, y lo envió tan ricamente a casa. Atiende a la prensa con propiedad, convencido de lo que hace, sabiéndose grande.
Huele a desinfectante barato, a aserrín y a sudor. Los modernos gladiadores, por aquello que más golpe da la vida, siguen las instrucciones del preparador: “derecha, derecha, izquierda, izquierda”, y como unos autómatas lanzan los puños en aquella dirección bajo la atenta mirada de una señora que les observa benevolente, como una madona en su hornacina, desde un calendario con los pechos del tamaño de una pelota de baloncesto, todo envuelto en el alo mortecino de la luz de los fluorescentes.
Tiene el aspecto de un buey, manos como hogazas de pan de pueblo, cuello historiado como una columna de un templo griego, y es taxista. Pero eso es una impostura, otra vida prestada, un peaje. Aquí es donde en realidad vive. “Lo monté por mis hijos, porque no estuvieran por la calle, por la cosa de la droga, ya sabe, ¿no?”. Claro, claro. Los chicos llegan, se cambian, y se enfrascan a golpes con un saco terreno, que yo soy incapaz de mover con toda la fuerza de mi cuerpo. “Mientras están aquí, no están en ningún otro sitio”. Claro, claro. “En San Cosme no teníamos ni agua caliente para ducharnos, así que nos vinimos al Prat”. Claro, claro.

Fuimos, claro que fuimos, como iban antes los gángsteres con sus chicas rubias platino en el interior de sus abrigos de pieles, fumando un habano que dejaba una estela azulada a su paso, embutidos en sus esmóquines relucientes, y una bufanda blanca echada sobre los hombros; como iban los periodistas a bordo de simples gabardinas, el sombrero ladeado, los dry martinis puestos, con sus compañeras de trabajo, frías como el mármol, inaccesibles como los propios ángeles, a sentarse allá entre políticos corruptos y el crimen organizado, entre el hedor de los cuerpos, la fragancia de los perfumes caros, y las ráfagas de sangre que saltaban como astillas del ring. Fuimos, como se iba antes al boxeo, a ver debatirse a finos estilistas contra rudos fagadores.
Pasamos por entre medio de una feria grandote, con el ruido ensordecedor de la tómbola, en que se rifaba champaña malo, un jamón de procedencia dudosa y una muñeca grandota. Eran las fiestas mayores, y la noria daba vuelta, el tren de la bruja entraba y salía de un túnel oscuro como el sexo de una idem, y los autos de choques chirriaban entre músicas estridentes. Para acabarlo de arreglar había una velada de boxeo, en el pabellón cercano.
Las chicas se nos adelantaron y nosotros fuimos a los vestuarios. Allá “cara de buey”, dijo a los púgiles, escuálidos, de una complexión casi raquítica, con la desnutrición reflejada en la palidez de la cara: “¡Todo el mundo fuera, excepto los boxeadores, que han de atender a estos caballeros de la prensa, que han venido a hacer su trabajo”. El ámbito de aspecto castrense, de una sordidez comparable a un mingitorio de posguerra, se vació de muchachas en flor y personajes de aspecto truculento.
“Lo voy a matar, voy a salir ahí fuera, y los voy a matar, lo voy a matar con esto, -y mostraba los guantes- lo voy a matar, y listo, ya está”. Fue todo la literatura que pudimos arrancarle en aquella situación mientras ingería una pastilla, con una roca pequeña, de aspecto dudoso y efecto presumiblemente poco o nada inocuo. Aquella era la ruta, el camino de salida, de huida del gueto, era un clásico aquí y en Harlem, esta era la puerta que daba a la gloria. Una trampa como otra cualquiera.

Las chicas, ¡siempre las chicas!, fueron ellas, ellas solitas que se metieron tan ricamente en la boca del lobo, sin la ayuda de nadie, ellas solas. Cuando las vi sentadas allá en medio, dije para mis adentros: “Jesusito de mi vida, que me quede como estoy”. Mira que había sitios libres, pues no, ellas se metieron tan ricamente en medio, pero en medio de verdad. La tribuna estaba repleta de gitanos con el cabello rizado, la mirada negro tizón, y relucientes de oro, tal que si se hubieran bañado en aquel noble metal. Relucían, relucía todo, incluso la marca de prendas deportivas “Nike”, que algunos llevaban sobre el pecho, como quien lleva un escapulario o la imagen del santo patrón, pero con la única diferencia que era bañado en aquel preciado elemento. Solo le pedí al Altísimo que alguien entre ellos reconociera que yo era uno de ellos, no en vano una de mis abuelas era gitana, y eso quieran o no siempre imprime carácter. ¿Lo notarían ellos?.
Habían venido al completo, familias enteras, con los niños incluidos, racimos de ellos, cosa mala, unos niños que no paraban quietos ni un solo instante, ni atados con camisa de fuerza. Uno de los suyos combatía contra un payo. Pero eso parecía no importarle demasiado a nadie, como tampoco les afecto lo más mínimo el resultado cuando el juez de la contienda, ataviado de blanco, como si fueran a hacer la primera comunión o fuera simple pingüino, levanto el brazo del rival.
La señal de salida, el pistoletazo, fue cuando los más mayores empezaron a evacuar a los más pequeñines. Entonces debió ponérseme en marcha la alarma biológica, algo escrito en el porcentaje de mi sangre gitana, pero el caso es que entendí claramente que aquel desfile de la chiquillería no auguraba nada bueno. Acto seguido percibimos con claridad los primeros gritos procedentes de los vestuarios, y mientras las criaturas abandonaban el recinto, los adultos se encaminaban hacia aquel sito en claro orden de combate.
La somanta de palos era monumental, las sillas de tijera, volaban por los aires, y de improviso aparecieron unos garrotes de un tamaño descomunal. Se estaban pegando de valiente, y mientras tanto a nuestras chicas, se les partía el labio de la risa. Sergi. ¿de que pasta estará hecho este chico?, salió zumbando a retratar la escena, mientras yo conseguí arrastrar a las señoritas hacia las proximidades del ring, en donde a modo de Suiza neutral, se iban reuniendo los no beligerantes en aquel conflicto.
Por tiempo que pase nunca olvidaré la cara de los dos miembros de la Policía Nacional, que asomaron su naricita por el quicio de la puerta, y en vista del tiempo que hacia iniciaron la marcha atrás, en espera de la próxima llegada de refuerzos. De los cobardes nunca se ha escrito nada, pero los cobardes lo han escrito casi todo.

Valentí es una especie de reencarnación del Dalai Lama, pero de Igualada. Es el párroco goza de una cierta inmunidad diplomática, de estatus de extraterritorialidad, es en cierta forma intocable, aunque ello no le haya evitado por ejemplo encontrarse a un individuo encima del tejado de su vivienda, adjunta la iglesia, profiriendo alaridos, a altas horas de la madrugada, o que le hayan pinchado el teléfono, efectuada una conexión, y aquel mes la cuenta de la parroquia haya sido millonaria, pero por lo demás podíamos decir que si, que es intocable.
Hay que andar sobre todo con naturalidad, sin sentir el miedo que te atenaza y paraliza. Hay que caminar como él camina, levitando, parece que apenas toca con los pies en el suelo, igual que una bailarina, de puntillas. En caso contrario, en caso de demostrar cualquier sentimiento, uno es un hombre perdido, ellos lo notan, de inmediato, desconfían, y pasan al contra ataque.
Efectuamos una excursión turística, el “tour a la ville”, primero la avenida del río Llobregat, un remedo de calle mayor de pueblo, una Quinta Avenida, cualquiera en donde hay de todo, desde una oficina de “la Caixa” hasta una peña azulgrana, dos signos inequívocos de que el país llega hasta aquí. Hay tiendas de todo, no falta de nada, pero solo hay una de cada. Es decir que hay un estanco, pero no hay dos, sin embargo hay innumerables bares, de eso hay para dar y vender. Bares que a media mañana registran una más que apreciable media entrada. Pueden verse en sus barras consumidores dispuestos a regar la plaza, desde primera hora, amorrados al botellín de cerveza, intercalando sucesivas caladas con el pitillo.
Vamos saludando a los viandantes con naturalidad, y a nuestro paso la gente comenta por lo bajo “Llevan una cámara, llevan una cámara de hacer fotos”, como si se tratase un arma, yo con la sonrisa un tanto forzada, mientras que el mosén, con un gran parecido físico con el inolvidable reportero Tintín, demuestra tener un gran dominio del medio, y se interesa por sus asuntos particulares haciendo gala de una envidiable capacidad comunicadora, mientras que a mí, me consume el llamémosle miedo escénico.

Es El Corte Ingles de los pobres, una gran superficie comercial a ras de suelo, al aire libre, una arquitectura efímera a la intemperie, que cada jueves se monta y se desmonta, el mercado más grande que “haiga”, en todo el Baix Llobregat, un punto de venta, de abastecimiento, pero también un lugar de encuentro, un acto social, un acontecimiento. Aquí no hay “Quincena del Lejano Oriente”, ni temporada de rebajas, ni secciones especializadas repartidas por las plantas. Las baterías de cocina penden indolentes, mecidas por el viento, junto a las bragas de señoras que por el tamaño son banderas piratas izadas en lo alto de los mástiles, y de las hierbas contra el reuma, se pasa sin solución de continuidad a la zapatillas de filtro para ir por casa, con el escudo del Barça o del Real Madrid, según los gustos del consumidor (No tiene mi número).
Por el mercado desfila una riada humana, con las paradas a ambos lados y los gitanos se alternan en los puestos con los magrebíes que atruenan el “más barato, más barato”, y las matronas venden ajos sacados del rezago de la falda, y los municipales vigilan la escena con el rabillo de la cartera, y los niños que tenían que estar aquí están en el colegio, y pasan unas lolitas enseñando el ombligo y provocando a los hombres.
En los expendedurías del “top manta” no ha llegado el “pop”, ni el “rock”, ni tan siquiera la “operación triunfo”. Por no haber ni siquiera hay ruma catalana, como mucho están los Chichos, y después ya viene directamente “Camaron de la Isla”, que esta sentado a la derecha de Dios Padre en el cielo.

“Parece que me estén cortando un trozo del corazón”, se explaya la chica, mientras su compañera procede con las tijeras. La concurrencia ríe la gracia con ganas. Las trenzas postizas van a 20 euros, el tubo de tinte a 3 y las mechas en 1.5. Es la peluquería del barrio, pero también es una escuela, un proyecto abnegado, porque ellas son doblemente victimas por mujeres, y por gitanas.
“Sí es que no puede ser –relata un educador social, gitano, claro- no puede ser. Imaginate, montanos una salida, a Barcelona, no te vayas tu a creer que a la Conchinchina, a Barcelona y no las dejan ir. Y nada voy yo a verles, y lo pasan muy mal. Te dicen, “Mira que no, no te lo tomes a mal, pero la chica no va a ir, no es por tí, por favor, es por la costumbre”, “Pero ni que costumbre, ni que ocho cuartos...”, Tú de verdad que no sabes que es esto...un día consigues algo, y al día siguiente vuelta para atrás, y vuelve a empezar”.
Desde su ojazos impresionantes las criaturas van a lo suyo, ensimismada, aguantándose la risa, y posando con una naturalidad pasmosa como si nunca hubiera otra cosa que aparecer ante las cámaras. Alguien ha preferido enseñarles a hacer pozos, antes que darles simplemente agua cuando tienen sed. Ser peluqueras, es aquí tan quimera como ser artista de Hollywood, una forma como otra cualquiera de sublimar la realidad, de tratar de salir de este agujero negro, de ir contra corriente, para adelante.

Son máquinas paridoras. Con veinte años tienen hasta seis hijos, hasta que el cuerpo dice basta y quedan tronchadas, desvencijadas, hechas caldo, hasta que sus hijas crezcan y vuelva a ponerse otra vez en marcha la rueda infernal. Ahora están aquí en la escuela materno infantil, que tiene montada Cáritas. Haciendo ver que aprenden a lavar a las criaturas o darles de comer, pero en realidad no aprenden nada, ni lo quieren hacer. Están aquí simplemente por obligación porque si no acuden no perciben la mínima pensión, la exigua ayuda. Por simple interés.
Las trabajadoras del centro están en las últimas, ya no pueden más, están exhaustas, el sobreesfuerzo, la dosis de voluntarismo, las ganas, y las ilusiones, todo se va marchitando como una hoja caduca, y en el fondo solo queda la resignación, la certeza absoluta del fracaso, de que todo lo hecho no sirve para nada.
La monitora del esplai sale cada sábado desde tiempo inmemorial, a tratar de que unos niños jueguen en la calle. Es inútil, totalmente inútil, y cada vez se le agria más el carácter, y tiene más mala leche, Van por las casas buscando a los niños, y te dicen que sí, que sí, que ahora van, pero no van, y la monitora acaba delante de un columpio con un par de niños, los de siempre, meciéndose tristemente, mientras el mecanismo del artefacto rechina, como una música triste, y el cielo se va encapotando. Así cada sábado, así hasta el próximo sábado.

A ambos lados de la calle principal están los “roscos”, los bloques de viviendas, todas de protección oficial, con su patio central al que dan las escaleras de vecinos, de ahí el sobrenombre. Una forma como otra cualquiera de tozudería oficial, de tratar de hacer pasar la realidad a través de una cuadrícula, con un resultado imposible.
En el barrio se llevan invertidos más de veinte mil millones de pesetas de las de antes, se ha rehecho una y mil veces. Nadie sabe a ciencia cierta lo que ha costado. Todo ha consistido en un simple juego, en jugar a las construcciones, en coger las barracas de Montjuich, Somorrostro o el Carmelo, y ponerlas en posición vertical, es decir en pisos y ya está. Todo ello convenientemente trufado, ¡faltaría más!, de toda suerte y clase de equipamientos, sobre todo que no falte de nada, desde un CAP hasta un instituto de enseñanza media.
En la punta del pentágono, en la cabeza del pez, empieza la movida de verdad, la zona dura. Hemos dejado atrás Manhattan para adentrarnos en Harlem. Allá están las llamadas “801 viviendas”, por ser este el número exacto de las que se construyeron, conocidas popularmente con el exótico nombre de “Liang Sahn Poo”. El señor Tejerdor, alcalde de El Prat, explicaba en un lejano 1.991 la génesis de la cuestión.
“Estas viviendas –en referencia a las mencionadas 801- estuvieron cerradas durante meses y luego se fueron ocupando de una manera irregular por gentes de todas las procedencias y condiciones, sin ningún control. Cuando las viviendas fueron transferidas a la Generalitat nadie sabía con exactitud quienes eran los ocupantes. Ha sido imposible censarlos, ni determinar quienes son los propietarios legales. Se han comprado y vendido pisos sin ningún control, y se han configurado clanes que son los que controlan la compra-venta. Poco a poco se ha ido generalizando la presencia de familias gitanas, que han ido imponiendo sus formas culturales. Se ha producido así “una expulsión” de familias payas y la llegada continua de otras de etnia gitana”.
Fue allí, precisamente allí en donde me recibió el chucho mordedor, amén de un mozalbete, quien a bordo de una elemental motocicleta daba vueltas y más vueltas a nuestro alrededor, describiendo cada vez círculos más concéntricos, estrechando el cerco, sobre quienes habían tenido el atrevimiento de franquear el umbral. Hoy, por lo visto, hemos estado de suerte, porque en ocasiones reciben a los visitantes a pedrada limpia, o bien lanzándole toda clase de objetos desde lo que ellos dominan como las “trincheras”, y que no son otra cosa que simples montones de escombros.

¿Racismo?. ¿Pero de que me están ustedes hablando?, ¿Racismo?, ¿Quien demonios dijo racismo?.
El Foro del Prat es un órgano municipal de participación ciudadana a través de Internet, o así. No tiene desperdicio alguno, está repleto de perlas, por ejemplo: “Si, si si, el prat esta de puta madre, tanto como españa no? Una pregunta señor alcalde el san cosme es el prat? ¿lo digo pq vaya telaaa, lo digo mas q nada por la MAFIA Y ESCORIA q hay ahi metia, mafia d la tu pillas caxo, q lo sabemos todos, pero mira asi va la cosa, si algun dia decidiiis salir a tirar la basura d una puta vez y sacar del media a toda esa xusma pegarme el toque q yo os dire donde teneis q ir, YA Q VOSOTROS NO TENEIS NI IDEA “POLICIA” JAJAJAJA, vaya mierda d policia, s vergonzoso si patetico q me multen por saltarme un semaforo en ambar y mientras tanto pase un niñato gitano d mierda con un BMW d mas d 10 millones de laas viejas pesetas y encima t mire d manera desafiante, y toooma al poli se la suda eso u mil mas asi, sois pateticos, si si haceis vuestro trabajo y yo el mio, asi q a tomar por culo todos q yo le tengo muy claro cuando me tenga q comprar un piso no lo hare aki asi q a xuparla. PD: Sr Alcalde soy el xico q t saludo escupiendo al suelo cuando ibas acompañao d un patriarca GITANO d sancosme, politica verdad?Q T DEN POR CULO...”
Hubieron reacciones entusiasmadas: “Olé tus huevos, por fin alguien que dice lo que piensa sin acojonarse, sí señor. Además, con toda la razón del mundo. Lo siento si parezco facha o lo que queraís, pero para solucionar el problema de Sant Cosme hace falta mano dura y con este alcalde que lo único que hace es la vista gorda no ganamos nada. Desde luego que no todos los gitanos son mala gente, pero sí lo son los que más se dejar ver. Tener por seguro que tampoco viviré en este Prat en un futuro”. O aquel otro que aseguraba: “Esto no acabará nunca, con el tiempo tendremos que abandonar el barrio a punta de navaja , con 1 alcalde casado con 1 gitana y la policia comprada, que querremos, 2005 BIENVENIDOS A GITANOLANDIA!!!.
Después del alcalde, la policía municipal es la que se lleva la peor parte. “Soy una nueva vecina de el barrio de San Cosme y me gustaría dejar aquí mi impresión sobre este fabuloso cuerpo de policía al que TODOS NOSOTROS alimentamos con nuestros impuestos para nada, el llamado GUARDIA URBANA = CUERPO DE COBARDES.
Entre muchas de las cosas que me han llamado la atención, es el inmenso miedo que hay entre los vecinos de este barrio al colectivo gitano, llamados “marginados”. Pues bien, este barrio los verdaderamente marginados somos los llamados “payos”, y la culpa es de este gran cuerpo de policía llamado GUARDIA URBANA. Ejemplos: Hace días aparque mi coche en la acera para acercar a mi madre (recién operada de las piernas) al portal de casa, cual fue mi sorpresa al recibir 1 multa que la gran GUARDIA URBANA me había puesto cogiendo mi matrícula “desde lejos”, vale. 2 semanas después mi calle se vio invadida de unos 20 vehículos cuyos propietarios eran todos de raza gitana, estacionados encima de la acera, por supuesto llamé a la GUARDIA URBANA ya que iban llegando más pasando libremente entre los bancos, niños, ancianos y gente que por allí pasaba, la respuesta fue: “YA PASAREMOS”, NO VINO NADIE. La apoteosis de mi rabia llegó ayer cuando vi lo que vi: un chico joven (“payo” por supuesto) tenia el coche en la acera, entonces fue cuando vi la BRAVURA DE LA GUARDIA URBANA EN ACCION. Con unos modales abominablemente irrespetuosos invitaron al chaval a retirar el vehículo, supongo que harto de tanta injusticia el chico se reveló, se llevó la somanta de palos de su vida, bajo la atenta mirada de su madre, que sufrió 1 desmayo en plena calle, y casi nos desmayamos todos también. Espero que este mensaje sirva de algo, y nos demos cuenta de quienes somos los verdaderos marginados en este barrio que con el tiempo deberemos abandonar ya que nuestra policía sólo PROTEGE O TEME A ESTE COLECTIVO NO PODEMOS HACER NADA”.
La aclaración o rectificación de la buena mujer, fue insuperable. “Escribo este mensaje para aclarar 1 punto de mi mensaje anterior: Hoy me he informado mejor sobre porque la guardia urbana agredió al chaval, ya que lo vi cuando ya se había liado todo, por lo que me han dicho, los vecinos alertaron a la guardia urbana porque se estaba dedicando a derrapar sobre la acera poniendo en peligro a todo el que pasaba por allí, y se ve que él fue quien agredió primero, y que es una persona conflictiva, por ello pido disculpas por haberme precipitado en mis comentarios, pero también tengo que añadir que estos sucesos se deben a que muchos jóvenes de este barrio debido puede ser a la falta de formación intelectual, falta de trabajo, de esperanza, de estar rodeados de delincuentes, y de ver como determinados colectivos que hacen lo que les da la gana con el barrio y con las personas y ver que no están protegidos reaccionan de esta manera, y hay que tratar de ayudarles”. Nótese la rara astucia de la comunicante cuando quienes derrapan sobre la acera son de etnia gitana o cuando son de los “marginados”.
Amor con amor se paga. “El Basurrilla” –“tirar la basura”, ¿recuerdan? - es otro personaje del éter. En un “chat” de música máquina, sufrió una verdadera hemorragia de irrefrenables buenas intenciones. “soy el puto rey del xique! porque llevo pipa sabes y odio a todos lo pelaos de mierda q hay ahi a mi me la comen todos los cabrones x que soy de san cosme y por mis muertos que un dia me saco la pipa y me cargo a los putos pelados de mierda q hay ahi”. Sutil.

Forman grupos de edades indefinidas, en una quietud alarmante como estatuas petrificadas, que permanecen a la puerta de sus casas, viéndonos pasar, sin más. Éste será el principal esfuerzo que deberán realizar durante todo el día, su única ocupación, sostener las paredes. Hay coches calcinados y otros perfectamente descuartizados, parecen el resultado de una convincente autopsia. Las paredes están tapiadas o presentan huellas de incendios devastadores. Semejan edificios de Sarajevo, objetivos alcanzados por la artillería enemiga. Es un paisaje fantástico, a ratos con la desolación de un paisaje lunar, otros en cambio con aquella calidad matérica de las obras del genial pintor catalán o así, Antoni Tapies, o el escenario de un “video clip” de tintes futuristas. Todo ello amenizado con la música que atruena desde las radios de los coches, puestas a toda pastilla en dónde grupos de jóvenes parecen haberse instalado definitivamente para pasar allí el resto de la vida, sin nada mejor que hacer.

Están hartos, rigurosamente hartos, hastiados de servir de conejillos de indias, de ser un simple motivo para la confección de la enésima tesis doctoral sobre el barrio, de ser covachas de experimentos, pero sobre todo están mismamente hasta los cojones de la prensa, de los periodistas, y de la puta madre que nos parió a todos. No es ninguna exageración. Pretenden que se les trate como a seres humanos, no parece ser ninguna exageración.
Por ejemplo “El Diablo”. A él nunca le habían regalado nunca nada, ni había celebrado jamás su cumpleaños. Por eso no extraño en exceso que la criatura se llevase un camión de juguete, y un balón de fútbol, aunque por lo visto también acompañaba el lote con garrafones de sangría y cartones de tabaco. Había eso sí, un detalle, un pequeño y casi insignificante detalle, es que semejante botín iba acompañado por el importe íntegro de la caja registradora. La banda había asolado las gasolineras, llevaba cometidos más de diez atracos, siguiendo la ruta de la Autovía de Castelldefels. Hubo quien se confundió, y al anunciarle que aquello era un atraco respondió con una risotada, y la criatura le clavo una navaja en el antebrazo del empelado de la gasolinera, con la que se le paso el buen humor por un rato.
El jefe contaba apenas doce años y tenía que colocarse unos tablones encima del asiento para poder llegar a los pedales y así conducir los coches robados. Le llamaban “El Diablo”, porque desde pequeño le decían y repetían que era más malo que el demonio. Sus padres se encuentran en Can Brians, vive con la abuela, como otros muchos niños del barrio, no en vano solo en ese centro penitenciario hay más de quince vecinos. Esas son las noticias que suelen salir en los periódicos.
Como la historia de otros niños, los hijos de Mary que llora desconsoladamente, dos chicas de doce y once años, y dos niños de siete y tres, que parecen ajenos a todo. Su padre cambio el oficio de encofrador en el sector de la construcción por el de atracador. Se especializó en el asalto a panaderías, hasta que una tarde forcejeando con el hijo de un panadero, se le disparó un vetusto 7,65 milímetros, un modelo de los años 30 o 40, y le perforó el abdomen, muriendo en el hospital.
Las hemerotecas están repletas de cosas así, de una certeza siempre relativa, pero que nadie se cuestiona, ¿para qué?. Dos vecinas de San Cosme menores, y sin carnet de conducir mueren en accidente de coche, pero resulta que no eran de Sant Cosme, sino de Zaragoza y simplemente pasaron por ahí a dormir en casa de unos parientes, o la operación policial contra la venta pirata de discos, contra “el top manta”, en que obviamente no hay ningún implicado del barrio.
El paradigma es la asignatura de introducción al periodismo del señor José Ignacio Armentia Vizuete, en que propone una práctica periodística a base de escribir unas veniticínco líneas con su titular, subtitulo y un ladillo sobre una información de un tiroteo a partir de que “(...) fuentes de la Jefatura Superior de Barcelona han informado de que los atracadores residentes en el barrio de Sant Cosme...”. ¿Hubiera o hubiese informado la policía de unos atracadores residentes, por ejemplo, en el barrio de Sarria?. Es bien sabido que en el actual periodismo barcelonés los pobres están borrachos, y los ricos se encuentran simplemente indispuestos.

Esta es la cruz, que llevan con resignación. “La Vanguardia” daba la noticia el 4 de Abril del 2.003. “El clan de los Vargas no lo forman sólo los Vargas, sino también otros apellidos. El clan de los Vargas había montado su supermercado de heroína y cocaína en el barrio de San Cosme, en el Prat, a un paso del aeropuerto de Barcelona. Catorce de sus componentes, de entre l6 y 70 años, fueron detenidos el miércoles, tras verse sorprendidos en pleno comercio. Esta vez, los Vargas, no tuvieron de arrojar la droga a la taza del retrete. Esta vez, la estrategia del grupo de estupefacientes de la policía de Barcelona, que llevaba un mes tras el clan, resultó impecable: los agentes cortaron el suministro de agua del barrio y llamaron a la puerta de los seis pisos sospechosos haciéndose pasar por empleados del suministrador de agua. Esta vez los Vargas cayeron a plomo.
Cuenta un investigador policial que el globo se hincha y se deshincha por sus extremos. El tráfico de drogas de San Cosme se había hinchado en los últimos dos meses, justo después de que se deshinchara el clan de “la tía María”, en Can Tunis, cuando hubo diez detenidos. “Nosotros tratamos de ir erradicando los puntos negros –dice este investigador-. Así que cuando se rompe un punto buscan recursos en cualquier otro”.
Hasta hace una semana San Cosme era ese “cualquier otro”. Los Vargas operaban desde sus viviendas nuevas y rehabilitadas, cerca de la Zona Franca: los pisos tenían rejas; a través de esas rejas circulaba la droga y el dinero. Los “aguadores” (vigilantes según su argot, se colocaban al pie del edificio y avisaban a los vendedores cuando aparecía la policía. Por ello, la droga se nos escurría por el retrete. La operación fue incontestable. Cerca de ochenta agentes irrumpieron en los seis pisos. Los Vargas tenían 65 papelinas de cocaína y heroína, 20 gramos de coca en roca, y un bolígrafo-pistola”.
Otro éxito policial, Sant Cosme está jalonado de ellos como un vía crucis. El 4 de Octubre de 1.991 fue otro éxito. Dos toxicómanos iban a buscar su dosis, al “supermercado” de la noticia, y según narran las crónica trataron de agredir, atracar, armados con jeringuillas a dos jóvenes del barrio. Resultaron apaleados, y se formaron las llamadas “patrullas ciudadanas” , compuestas por cientos de personas, y se practicó con saña el entretenido deporte de dar caza humana al drogata, o a quienes ellos creían que lo era. Por aquel entonces no era raro que la farmacia despachase en un solo día más de cien jeringas. Hubo quien declaró: “No estoy de acuerdo con que la gente se tome la justicia por su mano, pero hay una cosa que es legítima defensa”, para concluir “sí nosotros no la liamos, nadie lo hará por nosotros”. La liaron, y por lo visto les funcionó, aunque para ello se instalara un clima de verdadera guerra civil, a base de batidas indiscriminadas de la policía, y redadas como la efectuada el 17 de Noviembre de aquel ya lejano 1.991, en que unos 250 vecinos rodearon a seis agentes que habían detenido a dos individuos, en una operación antidroga. La trifulca acabó a tiro limpio, una forma como otra cualquiera de pasar el rato. Continúan igual, llevando la misma cruz.

Ni siquiera el anuncio efectuado por Valentín, revestido para la ocasión con el atuendo de oficiante, de que les íbamos a hacer dos regalos consigo apaciguar el jolgorio reinante. Aquello era una verbena en toda la regla. Las matronas gitanas iban ataviadas para la ocasión, como fragatas a medio camino entre la señora Rocio Jurado y la Reina Madre de Inglaterra. Algunas de ellas, desafiando a las leyes físicas de la gravedad, lucían tules a modo de banda, con floripondio incluido, igual que si acabaran de ser condecoradas con la Gran Cruz de Isabel II. La juventud femenina se inclinaba por una estética híbrida, entre el dúo gitano “Azucar moreno”, y los vestidos que luce la infanta Cristina con el asesoramiento de su cónyuge, el inefable Marichalar. Los caballeros en edad de merecer, se inclinaban más bien por ser la copia exacta de los “Los chunguitos”, no en vano hermanos de “Azúcar Moreno”, gafas oscuras, camisa abierta de par en par, plan “legionario novio de la muerte”, melenilla rizada sobre el cogote, y un muestrario completo de cadenas y pulseras de oro, tal que si fueran representantes de joyería, con el catálogo puesto encima. Nadie se estaba quieto ni un solo instante, y mucho menos en silencio. Por los pasillos los niños corrían sin parar, arriba y abajo, parecía la final olímpica de los cien metros lisos, o se tiraban desde lo alto de los bancos, semejando ángeles en caída libre, lanzándose desde un trampolín a la piscina.
El griterío era ensordecedor, pero no por ello se callaban ni a la de tres. El regalo que pretendía hacerles el sacerdote, inmutable, inaccesible al desaliento, luciendo una envidiable flema británica –“¿acaso no están en su casa, pues que hagan lo que les apetezca, no?, diría una vez concluida la ceremonia, con una lógica aplastante, era precisamente la bendición que les declaraba marido y mujer. Mientras confeccionaba en el aire la señal que les declaraba como tales, la pareja no cesaba de hablar un solo instante, entre ellos, y comentando la jugada con los amigos y familiares que asistían a la boda.
Todo transcurría íntegramente en castellano, incluso se entregaron las arras matrimoniales, un lance del rito, que no se efectúa jamás en Cataluña resulta algo tan exótico, como pueda serlo el swhili o el serbocroata. Cataluña resulta tan remota como el planeta Marte. Quizá por ello el segundo regalo que anunció el oficiante, esta vez ya a voz en grito para hacerse oír, eran unas sevillanas compuestas e interpretadas por unos amigos de los contrayentes. Falto tiempo para que en las inmediaciones del altar no aparecieran dos niñas vestidas rigurosamente de color marfil, que bailaban como si hubieran efectuado un master, y no como los asiduos del “Up & Down”.
“Al ver al novio tan guapo, ella lo mira, y lo miran. Juran que estarán juntos en lo bueno, y en lo malo, y cumplirán su promesa como buenos cristianos. Ya son marido y mujer, ahora que empiece la fiesta y que dure toda la vida, lo que hoy empieza”. Las niñas retorcían los brazos, igual que contorsionistas, y Valentí contemplaba la escena con una sonrisa de oreja a oreja. Al concluir, una de las intérpretes exhortó a la concurrencia a no llevarse las flores, porque después había otra boda. Fuera ya tiraban arroz como si no hubiera hecho nada más, en esta vida.

En esta misma sala multiusos, que ahora Valentí bendice como biblioteca, se enseña a leer y escribir a las abuelas gitanas, y a las no tan abuelas, provistas de unos moños monumentales, verdaderas obras de orfebrería, porque sin este mismo bagaje son incapaces, por ejemplo de poder coger un simple autobús y salir por su cuenta del barrio, convirtiéndose en verdaderas prisioneras de este gueto, en condenadas a cadena perpetua entre estas paredes. Aquí puede leerse su empeño, colgado de la pared:
“Estas golondrinas quieren estar preparadas para poder bolar (sic). Se reúnen con las demás para aprender a dialogar, a ser respetadas, a tener educación para escuchar a los demás y entender todo lo que enseñen los demás. Quisiéramos bolar (sic) un poco más alto para poder convivir todas juntas. Salir a trabajar, tener confianza con la gente, tener responsabilidad para llegar a buen puerto”. Leído ahora y aquí resulta un programa casi tan revolucionario, como el libro Rojo de Mao.

El alcalde es alcalde desde mucho antes de serlo, de hecho el alcalde tiene cara de ser alcalde desde pequeñito, desde siempre, de toda la vida, de hecho es alcalde desde que hay alcaldes elegidos, claro, una especie de cargo vitalicio. El alcalde, y no lo hago ningún favor al escribirlo, tiene cara de buena persona, quizás no pueda ser otra cosa que eso: una buena persona, cargado de nobles intenciones, preñado de elevados ideales. El alcalde de El Prat me recibe un tarde en su despacho, el sol entre por las ventanas y a los dos nos da una pereza terrible hablar de todo esto, porque los dos sabemos a ciencia cierta lo que nos vamos a decir, y el encuentro solo va a servir para eso: para certificar el desencuentro.
Hace un diagnostico certero, sin aspavientos, con voz templada, sin desgañitarse, es como el médico sentado a la cabecera, que tras examinar al enfermo llega a una única y simple conclusión, a la que no hay remedio, ni solución. Sant Cosme un enfermo incurable, solo se pueden aplicar remedios paliativos, es un enfermo crónico, puede que tenga una larga vida, e incluso una cierta calidad de vida, pero es un enfermo hasta el fin de sus dias. No hay nada que hacer.
La enfermedad que sufre, es la enfermedad del miedo, totalmente incurable. Es cierto, rigurosamente cierto en cuanto cae el sol parece haberse decretado el toque de queda, sin que ninguna autoridad competente los haya impuesto por la fuerza, de repente no se ve ni un alma por la calle, es que a nadie. La gente se encierra en sus casas, se parapeta detrás de las puertas de sus viviendas, como el 7 de caballería, en plena pradera y rodeado de indios. Así están los vecinos de San Cosme, rehenes en sus propias casas, prisioneros sin atreverse a salir, mientras desde la calle les llega con nítida percepción de los chirridos de los coches derrapando sobre el asfalto, de quien lo ha confundido por un circuito automovilístico de Formula 1.
El alcalde cree en l oque hace, en mantener entubado al paciente en la UVI, en suministrarle calmantes, en tenerle artificialmente con vida, siempre dependiente. Para ello no escatima esfuerzo. Y ora es un Centro de Asistencia Primaria, o un Instituto de Enseñanza Media, como un pabellón polideportivo, con sus campos de fútbol. La cuestión es ir haciendo el relleno, como quien mete plumas en una almohada. La última es colocar los juzgados de El Prat, con la remota esperanza de que sirva de motor de arranque, que provoque alguna mínima actividad económica, que el cardiograma registre alguna vida, por mínima que sea.
El alcalde es un optimista innato y yo a la salida de la entrevista recuerdo aquella cosa según la cual un pesimista, no es otra cosa, que un optimista bien informado.

La satisfacción es generalizada, indescriptible. El señor Josep María Montaner es arquitecto, ¡que Dios se lo sepa perdonar!, y encima catedrático de Composición Arquitectónica en la escuela de Arquitectura de Barcelona. En un artículo aparecido el sábado 19 de Mayo del 2001, en “El País”, y titulado “Vivienda social”, afirmaba que esta “no tiene por qué ser anodina o de baja calidad. En Barcelona hay buenos ejemplos”. Uno de ellos es por lo visto San Cosme, en donde se ha efectuado una operación consistente en que de “(...) las viviendas en peores condiciones de distribución y conservación van siendo sustituidas paulatinamente por edificios de nueva planta, mediante un cuidadoso y modélico proceso de traslado interno de los habitantes y una serie de proyectos claves para mejorar el espacio público”.
¿Habrá puesto alguna vez el señor catedrático sus piececitos por estos láres?. ¿Sabrá algo de las trifulcas que se organizaron entre los vecinos, por lo que el califica como “modélico proceso de traslado interno?”
Quien si estuvo, faltaría más, porque bien mirado ha estado en todas partes, fue el presidente Pujol. El día 1 de Diciembre del año 1.991, tras girar una visita al barrio con unas especial dedicación a las “801 viviendas” declaró a los periodistas: “ya hemos dicho que estamos dispuestos a derribar y sustituir estas viviendas por casas nuevas y buenas, como las del resto del barrio. Lo único que hay que advertir es que esto no puede hacerse muy rápidamente. Se puede empezar, pero acabar es una cosa que requerirá un cierto tiempo”. Tenía toda la razón del mundo, el señor President, ahora mismo, a finalizando el año 2.003, doce años más tarde, todavía quedan en pie alguna de aquellas malditas 801 viviendas. ¡Doce años!.
Ahora les entregan las llave, ahora por fin.

Primero tenía que haber sido el señor Artur Más, conseller en Cap, tenía que haber sido pero no fue. Después el conseller del ramo, el señor Felip Puig, pero tampoco fue. Quien si vino fue el Director General de l´habitatge”, pero el acto empezó tarde. ¿Saben ustedes porque?. Sencillamente porque el señor Director General de l´Habitaje se perdió, no sabía como llegar, no daba con Sant Cosme, una metáfora como si dijéramos.
Quien si estuvo desde el principio de todo, fue el señor alcalde. El señor alcalde efectuó una homilía laica, un discurso desde la moral de la izquierda, resultaba convincente, pero resultaba poco creíble, porque una cosa es la razón y otra muy distinta los sentimientos. El primer edil del Prat hablaba y no paraba dirigiéndose a los nuevos inquilinos. Hablaba de la “extraordinaria oportunidad”, de que “es justo y necesario hacerlo”, de “mantener y respetar la vivienda”, de que “esto os toca hacerlo a vosotros”, de que “seáis dignos”, de que “no vale tirar la basura por la ventana”, de que “no vale quemar los contenedores”, porque sino “nos estaréis engañando”. El alcalde hablaba, y hablaba. No en vano en el colegio un niño le pregunto a la señorita: “¿Tu no tienes casa, y porque no pides una como nosotros? ”, y la señorita le tuvo que explicar al caballerete que era eso de una hipoteca.
También tuvo la amabilidad de hablar conmigo fue el señor Fontalba. El era un responsable de ADIGSA, la empresa de la Generalitat responsable de la construcción. Era una rara mezcla entre “Quico, el progre” y un “boy scout”, el resultado era un perfecto funcionario dispuesto a justificar, -si el caso llega a plantearse- el bombardeo de Pearl Harbourt por parte de la administración para la cual pudiera o pudiese trabajar.
El señor Fontalba lo tenia claro nada de arquitectura extensiva, nada de adaptarse a la realidad. Hablaba y no precisamente en términos elogiosos de un proyecto para construir viviendas en Montjuich adaptadas a sus moradores, con un espacio incluido para poder efectuar fogatas. Nada de eso, la arquitectura debe ensañar comportamientos, debe ser pedagógica. Y en este caso lo era, por completo. Los recién llegados iban explicando a un aturdido funcionario que no funcionaba la llave de paso del agua, que las puertas no cerraban, o preguntaban en donde iban a poner a la abuela. Pura pedagogía.


La esperanza es lo ultimo que se pierde. Por eso el jueves 14 de Abril de 1.988 un titular de “La Vanguardia” rezaba: “Sant Cosme de El Prat, dejará de ser un barrio degradado tras la tercera fase de la remodelación”. El 5 de Abril del 2.001, es decir doce años más tarde, el diario “El Mundo” explicaba para referirse a nuestro amigo “El Diablo”, que viví en “el degradado barrio de Sant Cosme”.
La esperanza, reflejada en la mirada de esta criatura, no se pierde nunca, renace siempre. Lo que si se perdieron, perfectamente afanadas, fueron unas gafas de ver, de una señora que asistía al Pesebre Viviente de Sant Cosme en que se tomó la imagen.

Historia del barrio de San Cosme (El Prat-Barcelona)
El Prat es el único municipio creado cuyo territorio se encuentra íntegramente en el delta del Llobregat. Las tierras de El Prat comienzan a ser habitadas hacia el siglo X, mucho antes de la creación del núcleo urbano. A finales del siglo XVII El Prat todavía no formaba poblado pero poseía una vida legal independiente con un consejo y unas ordenaciones municipales desde 1689.
El siglo XVII es el del nacimiento de El Prat urbano. Así, entre 1720 y 1740 comienzan a construirse las primeras casas alrededor de los edificios de la plaza, hecho motivado por la autorización concedida a Bernat Gual, un granjero, para abrir una carnicería próxima a un cruce de caminos (lo que hoy es la Plaça de la Vila). Posteriormente, se concedía el derecho papal para tener una parroquia propia, y más tarde crecían a los alrededores el hostal (que hacía las funciones de taberna y panadería, aparte de las que su nombre indica). La apertura de la carnicería, su buena situación, la construcción de la parroquia y la del hostal, favorecieron que varios artesanos se instalaran en el lugar. A lo largo del siglo las casas se agruparán en dos hileras que se extenderán paralelamente hacia el norte resiguiendo los dos lados de uno de los caminos. Así se formará la primera calle del pueblo, la única que habrá durante mucho tiempo: la calle Major.
Poco después el pequeño núcleo se ve favorecido por la barca que el mismo Bernat Gual pone en servicio para pasar el río, ya que para ir a comerciar a Barcelona se requería remontar el río (que en aquel tiempo transcurría justo al este de la hilera de casas) hasta el primer puente, en Martorell, a 23 km de allí, lo que suponía un viaje de un día sólo para ir. Con la barca, el trayecto quedó reducido a ocho kilómetros, cosa que hizo que muchos más campesinos se interesaran en instalarse en El Prat.
Al empezar el siglo XIX, la economía de la población está basada todavía en una agricultura tradicional, fundamentada en el trabajo familiar y en la contratación temporal de jornaleros en los momentos de más trabajo. A lo largo del siglo, el crecimiento de la actividad agrícola, juntamente con el incremento demográfico, provocará un aumento del número de jornaleros. Éstos, junto a los artesanos, serán los artífices del crecimiento del núcleo urbano.
La construcción del puente de Ferran Puig para cruzar el río (1873), la llegada del ferrocarril (1881) y el descubrimiento del agua artesiana (1893) abrieron perspectivas de desarrollo a la población que se materializarán en el siglo XX.
El Prat afronta la entrada del nuevo siglo con un hecho fundamental en el campo: la consolidación de los cultivos de regadío, que han conseguido desbancar totalmente a los cereales de secano. Casi todas las tierras han sido adaptadas a los nuevos productos, mucho más rentables, y eso ha repercutido en la mejora de la situación general de la población agrícola y jornalera. El Prat vive unos años de expansión gracias a la comercialización de los excedentes agrícolas, y gozan de especial reconocimiento por su calidad la alcachofa, la lechuga y el melón.
La ruptura con las formas de vida tradicionales vendrá provocada, básicamente, por la llegada de la industria y la instalación de la aviación. El paso de mano de obra del campo a la fábrica, la llegada masiva de trabajadores de otros lugares y la consolidación de la semanada en substitución del inseguro jornal, contribuirán a alterar profundamente la configuración social y cultural de El Prat. En 1917, con la instalación de la Papelera Española, en 1923 con los tres aeródromos en funcionamiento (eran los campos de la Aeronáutica Naval, el de Josep Canudas y el de la compañía francesa Latecoère) y en 1926 con la puesta en funcionamiento de La Seda, serán años clave en el proceso de transición de la sociedad agraria a la industrial.
La consolidación del proceso industrializador comportará la llegada masiva de nuevos pobladores que se encontrarán con una ciudad que no está preparada para acoger este flujo demográfico. El Prat de 1950 tenía 10.038 habitantes y 25 años más tarde, en 1975, la población total era de 51.058 personas. Los principales déficit se sitúan en la falta de viviendas y de plazas escolares pero también se hacen evidentes en los servicios, especialmente en el agua y en el alcantarillado.
A lo largo de los años setenta del siglo XX El Prat vivió un importante crecimiento, no siempre equilibrado, para adaptarse a la nueva realidad social. En los años ochenta el crecimiento urbano continuó y se ampliaron los polígonos industriales con la llegada de nuevas empresas. Las preocupaciones urbanísticas van dirigidas a conseguir una mejora en los equipamientos, especialmente en los barrios más densificados y con más carencias, en un intento de racionalizar el urbanismo incontrolado de las décadas anteriores y equilibrar el crecimiento.

La policía vigila los carteros de San Cosme para evitar agresiones
El control se ha intensificado desde que una repartidora fue golpeada por unas vecinas del barrio el pasado 31 de enero de 2007. (20 minutos)

Desde que el pasado 31 de enero una repartidora de Correos fue agredida por un grupo de vecinas del barrio de Sant Cosme de El Prat, los carteros trabajan en la zona vigilados por los Mossos d'Esquadra.
Este no es la primera vez que se da un caso de agresión a los funcionarios de Correos en este barrio, pero desde la empresa, Vicenç Ibáñez, explica a 20 minutos que «también se han dado casos en otras zonas de el área de Barcelona y de Girona ».

Contusiones en la cara

La repartidora de Correos fue agredida por un grupo de vecinas de San Cosme cuando se negó a entregarles una carta certificada a nombre de otro vecino de la escalera que no se encontraba en su domicilio en ese momento. La cartera tuvo que ser atendida de urgencias por unas contusiones en la cara y los ojos y aún tiene la baja laboral por daños psicológicos.

Según los Mossos, el refuerzo de la vigilancia se mantendrá en San Cosme en horas de reparto "mientras haya un posible riesgo para los carteros».

 

El "clan de los Vargas" está integrado por 14 miembros

Desarticulada una banda familiar de traficantes de droga en El Prat
La policía organiza la "operación avería" para acceder a los pisos sin despertar sospechas (La Vanguardia 03/04/2003)

"Barcelona. (EFE).- La Policía Nacional ha desarticulado una banda de traficantes de droga conocida como el "clan de los Vargas" e integrada por 14 personas de la misma familia que vendían droga desde pisos blindados situados en el barrio de San Cosme de El Prat, a los que los agentes pudieron acceder haciéndose pasar de empleados de la compañía de aguas.

Fuentes de la Jefatura Superior de Policía de Catalunya han informado de que la banda suministraba droga, especialmente cocaína y heroína, a toxicómanos desde seis pisos situados en la calle Riu Anoia bajo unas estrictas medidas de seguridad. Entre ellas, los pisos tenían numerosas rejas y puertas blindadas consecutivas en su interior que dificultaban la entrada de la policía y que permitían a los miembros del clan tirar la droga por el retrete para impedir los decomisos y las detenciones.

Por ello, el Grupo de Estupefacientes de la Jefatura ideó una operación que permitiera a los agentes entrar en los pisos sin despertar sospechas y sin alertar a los traficantes. Se cortó el suministro de agua de la zona y poco después, agentes disfrazados de empleados de la compañía de agua accedieron simultáneamente a todos los pisos para "reparar" las averías.

De ahí también que la policía, que logró incautarse de la droga que escondían en los pisos antes de que los traficantes se deshicieran de ella, denominara la actuación como "operación avería".

Los detenidos, 6 hombres y 8 mujeres, tienen edades comprendidas entre los 16 y los 70 años y la mayoría de ellos acumulan numerosos antecedentes por hechos similares. El "clan de los Vargas" es muy amplio y muchos de sus miembros han sido detenidos con anterioridad en numerosas ocasiones, pero siempre se reconstituye porque cuando uno de ellos es detenido e ingresa en prisión automáticamente su "trabajo" en la banda es asumido por otro familiar.

Además de las verjas y puertas blindadas, la banda tomaba otras medidas que les permitían actuar con relativa "seguridad": tenían vigilantes permanentes para alertar de la presencia policial -llamados en el argot "aguadores"- y vendían sólo a toxicómanos conocidos o de los que tenían referencias.

También manejaban siempre pequeñas cantidades de droga que reponían constantemente para evitar detenciones si los pillaba la policía y utilizaban a menores para hacer trabajos de transporte y entrega de las sustancias estupefacientes.

Antes de acceder a los pisos, los agentes hicieron un seguimiento de los toxicómanos que salían de los pisos e incautaron pequeñas dosis a 15 de ellos, con lo que consiguieron las correspondientes órdenes de entrada y registro de los domicilios.

 

En su interior, la policía encontró gran cantidad de armas blancas de diferentes dimensiones, 65 papelinas de cocaína y de heroína; 20 gramos de cocaína en roca; un bolígrafo-pistola del calibre 22 LR y dos cartuchos; dos pistolas; dos balanzas de precisión; 9.630 euros en metálico y libretas bancarias; útiles para el corte y venta de drogas; tres teléfonos móviles y 130 piezas de joyería valoradas en 20.000 euros."

La Guardia Civil recupera cuatro de las once armas robadas en un cuartel de El Prat (La Vanguardia 21/11/2003)

"Barcelona. (EFE).- Efectivos de la Guardia Civil han recuperado sobre las 04,30 horas de hoy tres subfusiles y una pistola robados el pasado día 19 del antiguo cuartel de este cuerpo en el barrio de San Cosme de El Prat de Llobregat (Barcelona).

Fuentes de la Guardia Civil han informado de que la recuperación de las armas se ha producido en un lugar situado en el mismo barrio de San Cosme, que no han concretado, y que en la operación de hoy no se han producido detenciones. No obstante, la investigación policial no se da por finalizada dado que quedan aún por recuperar dos subfusiles y cuatro pistolas que fueron sustraídas igualmente en el robo del antiguo cuartel, que actualmente está deshabitado y en el que se mantiene una dotación de vigilancia hasta que sea derruido.

El robo de las armas sucedió a primera hora de la tarde del pasado 19 de este mes cuando los agentes que vigilan el edificio permanecían en la parte delantera del mismo, momento que aprovecharon los ladrones para forzar la puerta trasera, el acceso al vestuario y el armero.

A raíz del robo, la Guardia Civil detuvo a dos personas el mismo día 19, una de ellas menor, y busca a otras dos relacionadas con estos mismos hechos como presuntos autores del robo de seis pistolas y cinco subfusiles del antiguo cuartel."

 

Informe sobre la entrega de pisos de las 801 viviendas y posterior polémica en 1975

Un policía asesinado en la fuga de dos delincuentes de los juzgados de El Prat (ABC 25/05/2004)

El suceso se produjo en el interior del edificio judicial. Los dos fugitivos son delincuentes habituales, muy peligrosos, y uno de ellos tiene antecedentes por asesinato.

BARCELONA. A Antonio D. F. se le había asignado El Prat de Llobregat como destino de refuerzo en los días del Forum Universal de las Culturas, que se celebra en la zona del río Besòs. Pero al otro extremo de Barcelona, junto al río Llobregat, le tendió una trampa la muerte a manos de un detenido. Lo más sarcástico para estos días de diálogo sobre la paz.

Eran las dos de la tarde. Acababan de pasar a disposición judicial dos detenidos, Antonio Jiménez Hernández y Julio Navarro Fernández. El titular del juzgado de instrucción número 2 de El Prat había decretado prisión para ambos. Les custodiaban dos agentes camino del calabozo. Ya en la tercera de las salas de comunicación, uno de los policías se giró para encargarse de un tercer detenido que debía pasar a disposición judicial. Fueron segundos, pero los suficientes para que los dos detenidos se apoderaran del arma de Antonio D. F. y uno de ellos le disparara una bala letal en el cuello. No hay información acerca de si en ese momento los detenidos iban esposados (el juez ha decretado secreto de sumario) aunque todo parece indicar que así era. El otro agente trató de repeler la agresión y al mismo tiempo un vigilante, que se percató de lo ocurrido, cerró la puerta de acceso al edificio de los Juzgados de El Prat de Llobregat, en la calle Narcís Monturiol. Los delincuentes lograron, sin embargo, darse a la fuga por el garaje que da a la misma calle.

A partir de ese momento, todo sucedió con mayor celeridad todavía. Los fugados dispararon al aire y una de las balas hirió a Francisco J. S., un pintor de 50 años que se encontraba en un andamio de la fachada del inmueble, recubierto estos días de una lona verde. El vigilante del supermercado de enfrente, al darse cuenta de lo que ocurría en la calle, tuvo tiempo de salvar la vida de un hombre. El marido de una comerciante se dirigía a su coche pero una mano lo agarró hasta el supermercado y cerró a cal y canto el local. Momentos después, se oía el impacto de una bala en el coche que éste se disponía a coger.

Los fugados robaron ahí mismo un Audi-3 a punta de pistola. A tres paradas de autobús, lo abandonaron en el barrio de Sant Cosme, uno de los puntos negros de la zona metropolitana por el alto índice de droga y delincuencia que registra. El coche quedó abandonado frente al bloque 16 y un cordón policial cerró inmediatamente el acceso a la zona. Había que encontrar a los dos fugados como fuera. Uno lleva a sus espaldas 16 detenciones por delitos contra la propiedad y asesinato, junto con tres reclamaciones judiciales en vigor. El otro ha sido detenido en 30 ocasiones por delitos contra la propiedad y tiene pendientes ocho órdenes de busca y captura en diversas comunidades autónomas. Fuentes consultadas aseguraron que el que disparó estaba en tratamiento con metadona y tenía síndrome de abstinencia en el momento de los hechos. Se les imputa ahora un delito de atentado, por haber asesinado a un agente.

Frente a la iglesia evangélica

Sant Cosme era ayer la pura contradicción. Hora de los cantos en la iglesia Evangélica Filadelfia, frente al bloque 6, y mientras la Policía Científica hacía su labor y el resto de agentes acordonaban el lugar, sólo se podía entrar para acudir al acto el día en que un pastor se despedía y el nuevo hacía su presentación. Para comentar un texto de la Biblia, ante los gitanos que se reunían en el local, escogió un relato sobre San Pablo: «Estando en la cárcel, se abrieron milagrosamente las puertas, pero él y sus hermanos no huyeron. No, hermanos, no huyeron porque dijeron nosotros no somos delincuentes». Y todo a coro: «No, no lo somos». Antes y después, la música y las palmas loaban con lo mejor de sus voces y su megafonía. Acababan de marcharse de la zona el Patriarca y su mujer, mientras de El Prat llegaba una rubia con dos críos. Le acababa de pegar un bofetón a la niña y le había amenazado: «Estáte quieta si no quieres acabar como tu tío». Luego se esfumó en un bloque. Ahí todos son amigos, familia o desconocidos según quién pregunta y sobre qué. Les une la miseria y las cadenas de oro o los Mercedes blancos, del color de las papelinas.

Habrá noche larga en Sant Cosme. Una noche muy larga para los policías -su director general, Víctor García Hidalgo se trasladó a la Ciudad Condal- que custodiaban el lugar: el sábado trabajaron en la Boda de los Príncipes de Asturias y, aún con la maleta en el coche, recibieron la orden de no llegar a Barcelona e ir directamente a El Prat.

 

Dos detenidos matan a un policía en Barcelona tras robarle el arma en el juzgado de El Prat (El Pais 25/MAYO/2004)


Un agente del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) murió ayer en El Prat de Llobregat al recibir un disparo en el cuello realizado por un detenido al que custodiaba en los juzgados de esta población barcelonesa. El agresor y su acompañante, que no estaban esposados, arrebataron el arma al agente y salieron del edificio judicial por el garaje. En el exterior robaron un vehículo pistola en mano y emprendieron la huida disparando contra otro policía. Una de estas balas rebotó en una pared e hirió de gravedad a un albañil que trabajaba en la fachada del inmueble judicial.
Los hechos ocurrieron sobre las 13.55 horas en la zona de los calabozos de los juzgados de El Prat, situados en los bajos del número 39 de la calle de Narcís Monturiol, edificio en el que también hay viviendas. Fuentes judiciales explicaron que a esa hora los detenidos Antonio Jiménez Hernández, de 35 años, y Julio Navarro Fernández, de 28, acababan de prestar declaración y se encontraban en las inmediaciones de los calabozos de los juzgados a la espera de entrar en el furgón policial que les iba a conducir a prisión por decisión del juez de guardia. Los dos detenidos acumulan numerosos antecedentes por delitos graves, como homicidios y atracos, y habían sido arrestados el pasado sábado en El Prat en cumplimiento de una orden de busca y captura dictada contra ellos.
En el momento en el que iban a entrar en el furgón policial, uno de los dos policías que les custodiaba se apartó de ellos para realizar una gestión, lo que fue aprovechado por los detenidos para arrebatar el arma reglamentaria al agente Antonio D. F., de 25 años, y acto seguido disparar contra él. El tiro le alcanzó en el cuello y le produjo la muerte instantánea. Los agresores dispararon también contra el otro policía, que pudo repeler el ataque y no sufrió heridas. Fuentes policiales explicaron que los dos detenidos, de forma inusual, no se encontraban esposados cuando ocurrieron los hechos, aunque no pudieron precisar el motivo de que fuera así. El agente fallecido era natural de Badalona y había sido destinado hace poco tiempo a El Prat en tareas de refuerzo.
Parte médico favorable
En el tiroteo que durante la huida mantuvieron los delincuentes y el otro policía resultó herido accidentalmente por impacto de bala Francisco J. S., de 50 años, un albañil que estaba subido en un andamio instalado en el edificio judicial y al que había contratado la comunidad de vecinos para realizar unos trabajos de rehabilitación de la fachada. La bala le afectó a la zona cervical y fue trasladado al cercano hospital de Bellvitge, donde ingresó con las constantes vitales estables. Allí fue intervenido quirúgicamente y en el parte médico facilitado tras la operación se asegura que mantiene las constantes vitales y que no se teme por su vida.
Tras cometer el crimen, los dos delincuentes salieron por el garaje de los juzgados y robaron pistola en mano un vehículo Audi 3. El automóvil fue localizado por la policía poco después junto al edificio número 403 del barrio de Sant Cosme de El Prat, por lo que se sospecha que los prófugos se encuentren escondidos en algún inmueble cercano.
Esa zona, conocida como las 801 viviendas, está habitada mayoritariamente por familias de etnia gitana y se considera uno de los supermercados de la droga de Cataluña. La policía desplegó ayer por la tarde un impresionante dispositivo de seguridad, cercó los accesos al barrio e instaló numerosos controles que obligaban a identificarse a todos los vecinos que pretendían entrar en la zona. Los investigadores disponen de fotografías de los dos huidos y confían en que en los próximos días puedan ser detenidos.
El director general de la Policía, Víctor García Hidalgo, se trasladó ayer a Barcelona nada más conocer los hechos para seguir de cerca las investigaciones. El máximo responsable policial acudió al edificio de los juzgados para interesarse por los detalles de lo ocurrido. Allí coincidió con el delegado del Gobierno en Cataluña, Joan Rangel, y con el fiscal jefe de Cataluña, José María Mena. El juez de guardia, que apenas cuatro horas antes había ordenado el ingreso en prisión de los dos detenidos, acordó después el levantamiento del cadáver en el edificio judicial. A las 17.45 horas un vehículo funerario abandonó las dependencias judiciales. La capilla ardiente quedó instalada anoche en la Delegación del Gobierno de Cataluña y hoy se celebrarán las honras fúnebres. El juzgado de guardia ha decretado el secreto del sumario de las investigaciones.
Sant Cosme es un barrio obrero del área metropolitana de Barcelona, degradado en alguna zona, que en los últimos 20 años ha sufrido un proceso de rehabilitación sin precedentes, hasta el punto de que se han derribado todos los pisos para construirlos de nuevo. El área donde supuestamente se refugian los dos prófugos, contigua a la carretera que conduce al aeropuerto, ha sido históricamente la más conflictiva del barrio.
Atracadores con antecedentes y un homicidio
Los detenidos que ayer huyeron de los juzgados de El Prat de Llobregat tienen numerosos antecedentes policiales por delitos graves. Antonio Jiménez Hernández, de 35 años, ha sido detenido en 16 ocasiones por atracos y tenía pendientes tres reclamaciones judiciales.
Fuentes policiales explicaron también que en 1987 Jiménez Hernández cometió un asesinato por el que ya cumplió condena durante varios años.
El otro arrestado, Julio Navarro Fernández, de 28 años, acumula 30 detenciones por delitos contra la propiedad y otras ocho reclamaciones judiciales.
Los juzgados de El Prat de Llobregat figuran entre los órganos que registran un mayor volumen de trabajo de toda Cataluña porque a ellos les corresponde investigar los centenares de delitos que se producen cada año en el aeropuerto de esa población y en el barrio de Sant Cosme, especialmente a causa del tráfico de drogas. Sin embargo, unos juzgados tan masificados no cuentan todavía con un edificio judicial mínimamente digno, sino que están en los bajos de un inmueble de viviendas.
Esto provoca graves deficiencias en el dispositivo de seguridad, a cargo de un vigilante privado, y contribuye a explicar por qué pudieron huir ayer los dos detenidos. El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, Guillem Vidal, ha criticado en varias de sus memorias anuales esas condiciones de seguridad de algunos juzgados, que afectan también a la misma ciudad de Barcelona. Hace unos meses, sin ir más lejos, ardieron unas dependencias por motivos nunca aclarados, pero que son fáciles de imaginar a la vista de las deficientes instalaciones eléctricas.
El Gobierno de CiU construyó durante años decenas de oficinas judiciales en varias poblaciones catalanas, principalmente en el interior. Pero El Prat sigue esperando, igual que otros municipios del entorno metropolitano.

 

Nueva velada de boxeo en el Prat de Llobregat (SPORT 13/10/2012)
El Complex Esportiu Municipal Sagnier acogerá el próximo viernes 19 de octubre una nueva gala de Boxeo

El trabajo de Gallego Prada Promociones & KO Verdún sigue dando sus frutos. Tras el gran éxito de la velada celebrada el pasado 5 de Octubre en Cotxeres de Sants (Barcelona), los dos clubs de más tradición del Boxeo catalán presentan una nueva velada, que esta vez contará con 3 combates profesionales y 7 amateurs. La gala se celebrará el próximo Viernes 19 de Octubre en las instalaciones del Complex Esportiu Municipal Sagnier (C/ Frederica Montseny nº2-8, El Prat de Llobregat), a partir de las 22:00 horas.

El combate estelar sin duda centrará la atención de un gran nombre de espectadores, ya que se trata de la revancha entre el ídolo local, Guzmán Castillo, y el camerunés residente en Pamplona, Oliver Tchinda. Guzmán y Tchinda se enfrentaron hace justamente un año, en El Prat, y tras un primer round dominado íntegramente por el púgil pratense, una derecha durísima de Tchinda definió el combate, dando con Castillo en la lona por la cuenta de 10. Un año después, tras dos victorias por KO consecutivas, y un cambio de promotora, Guzmán tendrá la oportunidad de desquitarse ¿Lo conseguirá?

Este combate se presenta como el paso previo de Guzmán Castillo antes de disputar el Campeonato de España del Peso Súper Medio, el próximo mes de Diciembre, ante el duro Blas Miguel Martínez.

El combate de semifondo de la velada lo disputará uno de los púgiles más carismáticos del panorama nacional, Isaac Real "Chaca"; quien estará dando un paso importante en su carrera profesional cuando se enfrente al invicto púgil asturiano Aitor "El Diamante" Nieto. Del enfrentamiento entre Nieto y Real saldrá un sólido aspirante oficial al Campeonato de España del peso Súper Welter, que actualmente está en manos del gallego Iván Sáchez "Dinky". "Chaca", con tan solo 3 combates ha conseguido hacerse un hueco entre los mejores pesos Súper Welters del país, y de seguir con esta progresión, en breve lo veremos disputando títulos tanto a nivel nacional como internacional.

El tercer, y último combate profesional de la noche lo protagonizará el púgil de Óscar Palomino, Francisco "Kiko" Amarillo, quien estará disputando su tercer combate profesional ante el asturiano de origen cubano Geisler Iglesias. Amarillo es uno de los boxeadores más taquilleros del boxeo catalán actual, y eso en gran parte es debido al gran ritmo e intensidad que imprime a sus combates. El de Viladecans no podrá fallar el próximo 19 de Octubre, ya que en Diciembre podría estar disputando su primer título profesional.

El resto de la velada se completará con 7 combates amateurs, entre los que cabe destacar púgiles como Pedro Royo (C.B. El Prat), David Cotado (Gimnàs Louisiana), Lourdes Nuñez (KO Verdún), Bernat Capo (C.B. El Jab), o un interesantísimo enfrentamiento entre Bernat Magranet (Survival Box) e Irakli Qurasbediani (Esport Rogent).

Entré en la fábrica buscando un lugar donde hacer fotos para un trabajo de la escuela. Nos pidieron que ilustrásemos un poema de Gil de Biedma. 'Al- bada' se llama. Pensé que allí dentro en- contraría el contraluz que me interesa- ba. Fue entonces cuando conocí a Fer- mín." Fermín es alcohólico y está enfer- mo. Hasta hace unas semanas compar- tía las ruinas de Ca l'Aranyó con el gru- po de diez personas que viven de forma estable en este abandonado edificio in- dustrial de Poblenou, propiedad de municipio. Fue el anfitrión de Sergi Re- boredo, un joven de Sant Adrià, estu- diante del Institut d'Estudis Fotogrà- fics de Catalunya. Le guió por sus míse- ras estancias y le ayudó a conocer al res- to de sus habitantes. Han transcurri- do seis meses desde entonces y durante todo este tiempo Sergi ha pasado sus ratos libres con ellos, retratando sus vi- das. El fruto de su trabajo son las fotos que ilustran estas páginas.

 

Vueling lleva a París a ancianas emblemáticas del barrio de Sant Cosme

 

BARCELONA, 1 Oct 2013. (EUROPA PRESS) -    
La compañía Vueling y la entidad social Gats han llevado de viaje a París a un grupo de 15 ancianas emblemáticas del barrio de Sant Cosme de El Prat de Llobregat  que nunca habían volado
   Lo hace en el marco del proyecto solidario 'De Sant Cosme al Cel' que culminará con un documental protagonizado por estas mujeres.    
   Las mujeres, de entre 70 y 80 años, forman parte del Consejo de Mujeres Sabias de Sant Cosme del Ayuntamiento de El Prat, un colectivo de mujeres mayores que hacen aportaciones sobre aspectos a mejorar en el barrio y promueven acciones de voluntariado, según ha informado la compañía aérea.    
   Las ancianas visitarán estos dos días lugares emblemáticos de la capital francesa, como la Torre Eiffel y Notre Dame, de la mano de la entidad Gats, que desde el año 2000 lucha contra la exclusión social a través de actividades sociales, culturales y medioambientales.    
   El proyecto 'De Sant Cosme al Cel', que culminará en un documental, propone reflexionar sobre la transformación que ha vivido este barrio tan cercano al aeropuerto, sus conexiones con esta infraestructura aérea y el papel de la comunidad en el mismo.
PUERTA DE ENTRADA Y SALIDA    
   La citada asociación lamenta que "mucha gente todavía sitúa el Barrio de Sant Cosme con las problemáticas de los años 80" y, actualmente, no solo es un barrio normalizado, gracias a la tarea de administraciones, entidades, empresas y vecinos, sino que es la puerta de entrada y salida de Catalunya para millones de personas, ha remarcado.    
   El hecho de que muchas personas que viven al lado del aeropuerto, como es el caso de las Mujeres Sabias, hayan viajado muy poco o que nunca lo hayan hecho en avión, llevó a la entidad a plantearle a la compañía aérea la posibilidad de realizar un documental que recogiera todas estas cuestiones.